J.D.Salinger

¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? (...) Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

Helmut Newton

Helmut Newton

viernes, 18 de febrero de 2011

EL ÁNGEL EXTERMINADOR. LUIS BUÑUEL


He descubierto la película de Luis Buñuel "El ángel exterminador". Estoy entusiasmado con ella. Además revisando sus memorias después de ver la película leo:

Me gustan las armas y el tiro. He poseído hasta 65 revólveres y fusiles, pero vendí la mayor parte de mi colección en 1964, persuadido de que iba a morir ese año. He practicado el tiro un poco por todas partes, incluso en mi despacho, gracias a una caja metálica especial que coloco delante de mí sobre uno de los estantes de la biblioteca. No se debe disparar jamás en una habitación cerrada. Así perdí yo una oreja en Zaragoza.

Me gustan los pastelazos. En varias ocasiones he sentido la viva tentación de introducir una escena de pastelazo en una de mis películas. Siempre he renunciado a ello en el último momento. ¡Lástima!

Adoro los disfraces, y eso desde mi infancia. En Madrid, a veces me disfrazaba de sacerdote y me paseaba así por las calles, delito castigado con cinco años de cárcel.

miércoles, 16 de febrero de 2011


Nada como llegar a casa de mala hostia después del trabajo y poner el "Historie de Melody Nelson" de Serge Gainsbourg al máximo volumen. Recuperas instantáneamente el espíritu de las apetencias reales. Cuando escucho este disco me acuerdo de Jean Baptiste Pigalle, escultor francés del siglo XVIII, cuyo apellido da nombre al barrio nocturno de París, el de los burdeles. Pigalle fue un escultor disciplinado, amante del arte clásico, tras viajar a Italia y regresar a Francia se ganó la amistad de Madame de Pompadour, amante y favorita del rey Luis XV e impulsora de la cultura, protectora de los enciclopedistas.

De las leyendas más apasionantes de Madame de Pompadour me resulta especialmente grata aquella que asegura que sobre su pecho se moldeó la primera copa de champagne. Este hecho aparentemente banal resulta especialmente esclarecedor. La marquesa poseía numerosos palacios en París, entre ellos el actual palacio del Elíseo, sede de la presidencia de Francia, pero sin ninguna prepotencia ella puso la teta al servico de los bebedores y el palacio al servicio del poder. En Francia puede importar poco lo que hagas con una vida dedicada a la cultura, lo trascendente es apropiarte de una buena leyenda erótica o, en su defecto, como ocurre con el escultor Pigalle, feo artesano, conseguir que en tu quartier abran muchos burdeles.

De todas formas ya lo sugirió Gainsbourg: La fealdad tiene algo superior a la belleza: dura más.

martes, 8 de febrero de 2011


Nuevamente no he podido soportar la visión de los mechones de pelo falso de la estantería del supermercado, los que anuncian los tintes. He salido a la calle sin comprar nada y he tomado un vermut de media mañana para templarme. Al salir del bar pienso en una posible historia sobre un cardenal italiano que, vestido a la manera del retrato de Inocencio X, se enamora del mechón pelirrojo del Sabeco y acude a visitarlo todas las mañanas. Finalmente el cardenal, cansado del cierre del supermercado los domingos, decide abandonar los votos por haber convertido el domingo en un día a aborrecer en lugar de un día sagrado.

jueves, 27 de enero de 2011


Todos los inviernos vuelve la fiebre y la bilis por la nariz y la visita de los querubines tuertos, que mojan la cama, mamá, con sangre y linfa. Tengo la puerta de la nevera repleta de latas amarillas oxidadas de tónica, por si la fiebre resulta ser palúdica. Con la fiebre mis gafas adquieren más dioptrías y distingo en el vaho de la ducha a los trompeteros de Jericó quebrando mis costumbres por la mitad, es momento de preguntar a los ángeles dónde compran las mudas, si las lavan en el río de la vida o son pañales de usar y tirar para la demencia.

jueves, 13 de enero de 2011

Sebastiao Salgado

Hay ostrakones de arcilla coronando las puertas de los despachos de Recoletos: La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón.

La banca está muerta, pero ha guardado sus tesoros para la prosperidad de los hongos, para atravesar la eternidad provista de oro y puntas de flecha de marfil por si hay que martirizar nuevos esclavos. Nosotros tenemos modales de egiptólogo fallido, sin gloria, sin fama, sin tesoro, sin armas. De vuelta a casa nos miramos el cuerpo en el espejo y hay que ponerse a cuidar la sarna noruega que nos machacó en la expedición. La banca tiene una maldición destinada al intruso que es como la del faraón. Ahora que han vaciado las cámaras acorazadas, las fortunas, como las miserias, ocupan folios ribeteados. El capital se disuelve como un cadáver, pero ellos han inventado el formol de los dineros, consiguen que uno sea pobre para siempre.

En época de quiebras la ostentación se refugia en los palacetes y no sale hasta la noche en que va a cavar escondrijos a los galachos. La banca, como la lombriz del Guadiana, no volverá a ver la luz hasta que el subsuelo no repugne de lo hediondo, hasta que no fermenten los frutos de pulpa negra de la ocultación.

miércoles, 5 de enero de 2011

Two comedians. Eduard Hopper


En la última mesa de un insulso McDonalds rodeado de conversaciones a voz en grito, salvando cada página de la salpicadura de las salsas de colores, retomo la lectura un tanto postergada del viaje de Ferdinand Bardamu. Dejé a Ferdinand en Nueva York y hoy me he despertado con la obsesión imparable de rescatarle. Se había quedado atrapado en la página 260, asqueado con el ruido de la ciudad y con esta vida que oculta todo a los hombres. Ahí estaba gritando desde lo alto de un rascacielos: "¡Socorro! ¡Socorro!", para poner a prueba la compasión de los transeúntes. Se la suda. Se la suda.

Es un viejo hijo de puta, Ferdinand. Todos lo sabemos. Ha sido víctima de todas las cosas, de todas las fiebres, de todas las verrugas genitales, de todas las humedades y mordiscos que pueda ofrecer una trinchera. Ha sido el marginado, el loco, el indecoroso, el pequeño miserable que no merece ni el esfuerzo de ser noqueado por sus enemigos, a su vez irrelevantes. Y entonces, después de todo un relato de parsimonioso recelo ante todas las posibilidades de una vida, esta declaración de amor:

Tal vez sea eso lo que busquemos a lo largo de la vida, nada más que eso, la mayor pena posible para llegar a ser uno mismo antes de morir.
Años pasaron desde aquella marcha y más años... Escribí con frecuencia a Detroit y después a todas las direcciones que recordaba y donde podían conocerla, a Molly, saber de su vida. Nunca recibí repuesta.
Ahora la casa está cerrada. Eso es lo único que he sabido. Buena, admirable Molly, si aún puede leerme, desde un lugar que no conozco, quiero que sepa sin duda que yo no he cambiado para ella, que sigo amándola y siempre la amaré a mi modo, que puede venir aquí, cuando quiera compartir mi pan y mi furtivo destino. Si ya no es bella, ¡mala suerte! ¡Nos arreglaremos! He guardado tanta belleza de ella en mí, tan viva, tan cálida, que aún me queda para los dos y para por lo menos veinte años aún, el tiempo de llegar al fin.
Para dejarla, necesité, desde luego, mucha locura y un carácter chungo y frío. Aún así, he defendido mi alma hasta ahora y Molly me regaló tanto cariño y ensueño en aquellos meses de América, que, si viniera mañana la muerte a buscarme, nunca llegaría a estar, estoy seguro, tan frío, ruin y grosero como los otros.

viernes, 24 de diciembre de 2010

XIII. JEAN-LUC GODARD


Leo en una revista cultural una larga entrevista que Jean-Luc Godard concede desde su casa de Rolle (Suiza) a la revista Les Inrockuptibles a propósito del estreno de su película Film Socialisme.

Después de leer esta entrevista voy a intentar ver todas sus películas, aún a riesgo de aburrirme un montón. Por el momento solo he visto Al final de la escapada (1960) unas 10 o 12 veces.

1. "... el derecho de cita apenas existe en el cine. En literatura se puede citar extensamente. En el libro sobre Henry Miller que escribió Norman Mailer hay un 80% de Miller y un 20% de Mailer. En la ciencia, ningún científico paga derechos por utilizar la fórmula elaborada por un colega. Esto es un derecho asumido que en el cine, sin embargo, no existe. El derecho de autor realmente no tiene razón de ser. Yo no tengo derechos. Al contrario, tengo deberes".

2. "P: Su película se sube a la red al mismo tiempo que se estrena en las salas...
R: La idea no es mía. El hecho de que Film Socialisme esté en Internet (sólo para Francia) es una idea del distribuidor. Ellos han aportado el dinero para la película, así que hago lo que me piden. Si hubiera dependido de mí, yo no la hubiera estrenado de esta manera. Hemos tardado cuatro años en hacer la película. Yo creo que la película se debería haber beneficiado de la misma generosidad en la distribución que tuvo en la duración de su rodaje.
P: ¿Qué quiere decir exactamente?
R: A mí me hubiera gustado que contratáramos a una pareja, a un chico y una chica que estuvieran vinculados al cine, con ganas de mostrar cosas, el tipo de jóvenes que te encuentras en los pequeños festivales. Se les da una copia en DVD de la película y, luego, se les pide que asistan a un curso de paracaidismo. Entonces, señalamos al azar algunos puntos en el mapa de Francia y ellos se tiran en paracaídas a esos lugares. Su misión consistiría en proyectar la película en el lugar donde aterricen. En un café, en un hotel... tendrían que apañárselas como puedan. El precio de la sesión podría ser 3 o 4 euros, no más. Además, hubieran podido filmar su aventura y venderla después".

3. "P: La crisis griega resuena con fuerza en su película...
R: Deberíamos darle las gracias a Grecia. Occidente es quien está en deuda con Grecia. La filosofía, la democracia, la tragedia... Siempre olvidamos las relaciones entre democracia y tragedia. (...) El mundo tecnólógico en el que vivimos se lo debe todo a Grecia. (...) Así que todo el mundo le debe dinero a Grecia hoy en día. Podría reclamar millones de millones en concepto de derechos de autor al mundo contemporáneo y sería lógico dárselos. Sin dilación".

4. "... algunas veces las cosas se ven más claras cuando van a peor. Cuando Chirac se encontró en segunda ronda con Le Pen yo creo que la izquierda debería haberse abstenido y no votar a Chirac. Es mejor dejar que llegue lo peor. Porque en ese momento, hace falta reflexionar".

5. "Yo no creo en el concepto de una obra . Hay obras, se producen algunas nuevas, pero la obra en su conjunto, la gran obra, es algo que no me interesa. Prefiero hablar de un camino. En mi trayectoria hay altos y bajos, hay tentativas... He puesto mucha paja. Lo más difícil de este mundo es decirle a un amigo que lo que ha hecho no es muy bueno. A mí me ha faltado ese amigo".

sábado, 18 de diciembre de 2010

El sol se levanta como una hogaza de oro sobre Pfeiffer beach.
La roca enhebra la luz por donde anidan los cormoranes.
Yavé me ha revelado en sueños el advenimiento de la ola perfecta.
La arena es inconclusa, como los hijos de Abrán.
Tengo unas pocas horas para aprender el arte del surf.

¿Qué hacer con las profecías cuando eres torpe y la luz irrepetible?

martes, 7 de diciembre de 2010


El sueño avanza por cada minuto de vigilia como un surtidor abierto taponado con algodones. Me aburre la perspectiva de dormir. Estoy esperando en casa la visita del delirio. La lluvia suena allá fuera como la canción de un coro de peces voladores. Cada pez nada o vuela sientiéndose el bendecido de Dios, pero Dios solo da pulmones a los anfibios.

Estaré recluido en casa hasta que la vida amordazada llegue a su fin.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Calafateador. Francisco Neiro


Decido un pequeño homenaje sobre la marcha a todos los escultores del mundo, mi profesión más envidiada. Leo en el periódico que cierra el Chillida Leku, donde peregriné para huir de los pasos con Cristos y apóstoles lastimosos en una Pascua desastrosa de hace ya algunos años. Me entristezco porque caduca para el mundo la escultura de lo invisible, de lo inservible. Llueve esta tarde en Madrid. En mi buhardilla no hay espacio para la piedra, no hay un horno con que soldar, no tengo hachas con las que rebuscar en la madera. Solo tengo periódicos con los que no manchar el suelo, ahora que tengo la nuca húmeda, ahora que mi mente rezuma gotas negras de mercurio. Salgo a la calle donde los cláxon amamantan a las multitudes. Paseo buscando galerías, templos paganos. Durante una hora camino entre titanes de madera de pino mediterráneo, bailaoras, calafateadores pintados por la mano de Leiro, y luego en la calle otra vez, de nuevo abandonado por la madera, camino entre los charcos pensando en invadir los arrozales. Un taller donde dormir, un taller donde ocultarme, un taller donde despertar con toda esa masa pagana mirándome, como un dios-fauno feo, terrible, de las fuentes y los caudales. Y mientras camino de vuelta a casa, otra vez los cláxon... "Esta brumosa mañana de invierno / no desprecies la joya verde entre las ramas / sólo porque es la luz del semáforo".
Et in Arcadia ego.

domingo, 28 de noviembre de 2010


JAMES ENSOR

Ensor dibuja los soles de Ostende vomitando y a los payasos del mundo orinando de cara a la pared porque la luz tiene un reverso de angustia y una promesa de desaparición que falsea y agota todas las fiestas. Ensor levanta la copa de tinta o de sanguina brindando por el fin de los maleficios y luego la derrama sobre los ojos de los comediantes, el hijo de puta, y al volver en sí ya se quitan las máscaras blancas de demonio negro y se van al Congo a matar niños escuálidos para tener con que reir el resto de sus días. Hay un Cristo que es el de Ensor que es el Cristo entre los demonios, o sea, un Dios que a la vez es tentado y acosado por el mal. Y luego está el hombre, el vecino, la prostituta, el alcalde, que engendran hijos a los que hacen crecer bajo máscaras de fealdad, de infamia, esas que se adhieren a la cara de los recién nacidos y que no se destiñen con el agua de los bautizados. Esas que como en ese cuento chino ancestral terminan dotando al rostro verdadero con la forma de la máscara que sostienen, y ahí es donde Ensor dibuja la duda en cada hombre, en cada mujer: ¿qué máscara, qué rostro me identifica si los astros me observan nauseosos, pero siguen dando vueltas y siempre, siempre retornan?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Banjo Sailor. Chad Elliott


Abro una botella de vino blanco y escucho un programa de bluegrass en la radio.

Yo sabía que la radio tenía que volver en algún momento a llenar el silencio de mi noche en las buhardillas. Este silencio se mueve por aquí con un ánimo de culo de camello en la noche del desierto, incrédulo del frio, casi hambriento de animales desconocidos, con un hambre que hace desgarrar y quebrar huesos a los propios herbívoros. Las cepas sin pellejo bailotean con los pastos azules de Kentucky y ya no echaré de menos las luces amarillas del televisor, ahora que todos los programas los recuerdo con una asepsia de diferido, ahora que quiero el instante vivo de la radio, el error del sonido entrecortado.

Una canción termina y el locutor, que tiene voz de haberse quedado dormido soñando con lolitas, enumera las anécdotas de vida de estos hombres de música y yo así como ensimismado recuerdo ese párrafo de Henry Miller en que dice que acariciar un coño es como tocar el banjo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Irrealidades 2


Aquí tenemos un par de cabezos y un palomar y algunos caminos entre higueras por donde escapar de la hora de la cena. Si en los caminos, a la noche, te pica un alacrán, hay que llamar a un guitarrista viejo para que toque junto a la cama hasta el amanecer. Sí, solo así se cura y se adormece al veneno. Un guitarrista se mató yendo para una noria del campo de los mozos porque su bicicleta se oxidó de repente al pasar junto al olivo centenario, o eso es lo que dicen al menos. Me gusta subir a mear al palomar, que siempre está vacío de pájaros porque se los han comido los gitanos. Como los gitanos tocan bien templado, entregamos a las palomas a cambio de la protección de sus fandangos. Después de una noche de velar al envenenado, hay que llamar al mosén para que bendiga el vino de la casa del día siguiente. El gitano entonces, queda también bendito, y siempre será recibido en esa casa. Si el muchacho sana finalmente, la familia le entrega un olivo de los de sus campos. Los gitanos marcan sus olivos con sangre de los pichones, dibujando círculos encarnados. A veces a su sombra conciben a los guitarristas, los gitanos.

martes, 26 de octubre de 2010

XII. FRANCISCO UMBRAL


- ¿Dios existe o soy yo que estoy equivocado?
- Usted está equivocado, pero Dios también.

Entrevista a Francisco Umbral.

miércoles, 20 de octubre de 2010


Hay canciones que te visitan en tardes como estas y te devuelven al desgarro de los años pasados, los años de la tristeza absoluta, los años de la depresión más íntima. Esos años donde cualquier escusa era buena para huir de las calles y las avenidas que te habían visto crecer, torcido, con los brotes arrancados, como un árbol escuálido. La ciudad que me atormentaba quizá ya no es la misma ciudad porque las almas de los amigos muertos ya no la sobrevuelan, porque el frío de la necesidad de otros lechos, el aburrimiento de la misma cama todo el tiempo ya no me coge desprevenido sin una cerveza en la mano y un pitillo con el que mirar para otro lado con contundencia. Ahora veo todo eso y lo canto con voz ronca y dodecafónica: que la vida está para follársela manchando las sábanas con lo que venga, y yo no lo sabía. Pienso en esos años de sacrilegio y me recuerdo triste casi todo el tiempo, creo que no es una exageración. He pasado triste la mayor parte de los años de mi juventud y decir que no me arrepiento quizá sería mentir.

Echo en falta, en verdad, la libertad de la huida, la nutrición que nos dió la carretera, la fuga disociativa del soldado que ha visto morir a sus amigos y a la que creía su patria, que al final resultó ser peor que una madrastra pedófila. Echo en falta los autobuses de noche, por carreteras secundarias, la fantasía de tener a los lobos al otro lado del cristal, acechando muy de cerca. El brillo de otras ciudades en el fondo del horizonte, la promesa de que había otra vida que me estaba esperando, la duda de si esa vida se cansaría de esperarme.

Avanzan los años y las canciones te devuelven al agujero del que has salido, sin ninguna compasión, así de bruces, como debe ser. Hay cosas que se han resuelto, pero hay cuentas pendientes todavía. Hoy hay grandes amigos esperando al otro lado del teléfono, quizá nuestros teléfonos hablan entre ellos cuando parece que están en silencio encima de la mesa (Pamuk dixit); hay grandes historias que nos han pasado y que casi nadie sospecharía, hay leyendas escritas sobre el asfalto y las aceras y firmadas con la orina de nuestra tristeza.

Tenemos todo para coger el pasado entre las manos y poder decir, con el poeta: fue una época.

sábado, 16 de octubre de 2010

Perro enterrado en arena.
Francisco de Goya

He cenado un plato de rúcula y leche fresca del día y como es madrugada del sábado no he querido salir a los bares ni a compartir nada con nadie, he querido quedarme en el sofá escuchando la música que me hace feliz desde siempre casi a oscuras. Luego quizá salga a dar un paseo por el nuevo barrio y mire los rincones más oscuros buscando a los murciélagos. He visto algunos revolotear con su batir de alas anárquico y ebrio en otras noches de mayor entusiasmo. Llevo puesto mi batín verde de cuadros, con rayas rojas y amarillas. Con él atesoro la energía que necesito para quedarme en casa y no hablar con nadie. Es el segundo batín que he tenido, el primero era uno gris con rayas azules que heredé de mi abuelo. Creedme, una herencia así es como para estar orgulloso. El batín es esta noche lo que para otros es la chupa de cuero o la navaja en el bolsillo. El arma con la que me camuflo o me defiendo de la ciudad. Cuando ya no pueda abrigar a los fantasmas con él iré a alguna perrera y me traeré un chucho simpático al que llamaré Sue.

Estoy pensando que debería sacar unas pechugas de pollo para que se descongelen. He empezado a congelar el pollo en bolsas individuales, así por raciones. En cada bolsa escribo la fecha y luego debajo un verso o un lema o algo, con rotulador permanente. Me gusta porque escribo cosas que me parecen importantes, con afán de permanencia, pero en un lugar inadecuado, por lo que quince días después tienen que ir por fuerza a la basura, mojados y apestando a sangre de pollo.
XI. JOHNNY CASH



Escúchenlo y siempre volverán a sus cabales.
Bob Dylan sobre Johnny Cash

martes, 12 de octubre de 2010

X. FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


La causa por que han muerto y destruído tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días e subir a estados muy altos e sin proporción de sus personas (conviene a saber): por la insaciable codicia e ambición que han tenido, que ha sido mayor que en el mundo ser pudo, por ser aquellas tierras tan felices e tan ricas, e las gentes tan humildes, tan pacientes y tan fáciles a sujetarlas; a las cuales no han tenido más respecto ni dellas han hecho más cuenta ni estima (hablo con verdad por lo que sé y he visto todo el dicho tiempo), no digo que de bestias (porque pluguiera a Dios que como a bestias las hubieran tractado y estimado), pero como y menos que estiércol de las plazas. Y así han curado de sus vidas y de sus ánimas, e por esto todos los números e cuentos dichos han muerto sin fee, sin sacramentos. Y esta es una muy notoria y averiguada verdad, que todos, aunque sean los tiranos y matadores, la saben e la confiesan: que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo, hasta que, primero, muchas veces hubieron recebido ellos o sus vecinos muchos males, robos, muertes, violencias y vejaciones dellos mesmos. [...]

Entre infinitas maldades que éste hizo e consintió hacer el tiempo que gobernó fué que, dándole un cacique o señor, de su voluntad o por miedo (como más es verdad), nueve mil castellanos, no contentos con esto prendieron al dicho señor e átanlo a un palo sentado en el suelo, y extendidos los pies pónenle fuego a ellos porque diese más oro, y él envió a su casa e trajeron otros tres mil castellanos; tórnanle a dar tormentos, y él, no dando más oro porque no lo tenía, o porque no lo quería dar, tuviéronle de aquella manera hasta que los tuétanos le saltaron por las plantas e así murió. Y destos fueron infinitas veces las que a señores mataron y atormentaron por sacarles oro.

Brevísima relación de la destrucción de las Indias
(año 1552)

FELIZ DÍA DE LA RESISTENCIA INDÍGENA

viernes, 8 de octubre de 2010

Irrealidades 1


Entro en un bar oscuro que tiene las paredes descascarilladas. En la puerta el dibujo de un niño crucificado con una corona de espinas. Solo hay dos focos reflectantes de luz blanca en dos esquinas. Miro al camarero que de pié en la barra está ofreciendo comida a un grupo de murciélagos albinos enjaulados. Hay ocho personas sentadas por separado en el suelo, en colchones blancos que brillan con las luces reflectantes. Huele a marihuana y el humo blanco parece sentir apetito por un espejo de marco de mármol con columnas que preside la pared vacía del fondo. Suena Into the Groove(y) de Ciccone Youth. El camarero deja a un lado el cuenco con los trozos pequeños de lagarto para los murciélagos y me da la bienvenida afablemente. Sé que los trozos son de lagarto porque algunas escamas verdes y amarillas todavía brillan como ojos de serpiente entre la maleza. Me pone una jarra de cerveza negra, que sabe un poco a brandy al primer sorbo, y una manzana al horno en un plato de té. He traido mi paraguas plegable. Encajo la curva del mango en la barra y me anudo la funda que lo recubre al cinturón. Así puedo beber lo que quiera sin caerme.

Un muchacho de los que están sentados en los colchones se acerca y apaga un cigarrillo sobre la manzana que aun no he tocado. Lleva los labios pintados de azul metálico y una camisa negra de cuero desabrochada. Le cuelga del cuello un cordel con un nudo que sujeta un abrebotellas. Decido dar una segunda oportunidad a su insolencia y le pregunto qué cojones quiere.

- ¿Puedo comerme tu manzana?
- Sí, siempre y cuando consigas que el camarero me sirva otra.

Ya en el callejón le rompo una botella de cerveza en la cabeza. Cuando queda inconsciente en el suelo le corto el cordel con mi navaja y me guardo el abrebotellas en el bolsillo. Vuelvo a casa con el paraguas colgado del cinturón y pisando charcos.

martes, 5 de octubre de 2010


La mayor felicidad consiste en que uno pueda quedarse a solas con su inmundicia y su miseria. También lo es no dejar que nadie te vea. ORHAN PAMUK

Hay días en que el exterminio del optimismo es la más insuperable fuerza vital. Hay días en que la alegría no es suficiente, se necesita el abatimiento y la marginalidad para preservar el pequeño fuego de la felicidad en una pequeña celda solitaria entre las manos, a salvo del aliento pestilente y frío de los demás.

No tengo talentos, no tengo ambiciones específicas, no tengo especial respeto por mi día a día. Solo tengo una felicidad que salvaguardar. Por ella avanzo pisoteando los corazones de los serviles y los pusilánimes.

domingo, 26 de septiembre de 2010


He salido esta tarde de mi casa para buscar la pierna gangrenada del caballero Diego Hurtado de Mendoza.

El 10 de agosto de 1575, este noble hidalgo, diplomático, caballero y poeta, sufrió la amputación de su pierna accidentada, encontrando reposo en la iglesia de los Santos Justo y Pastor. Cuatro días esperó la pierna hasta la muerte de su dueño. Don Diego fue enterrado finalmente en el Monasterio de La Latina de Madrid. No he encontrado mención alguna acerca del lugar de reposo definitivo de la pierna, parece probable que ambos fragmentos ergonómicos recibieran sepultura definitiva por separado, por lo que esta tarde he salido a buscarla.

"Yo, como don Quijote, me invento pasiones sólo para ejercitarme". Voltaire dixit. Las últimas hipótesis, un estudio paleográfico difundido en marzo de 2010, apuntan a Don Diego como probable autor del Lazarillo de Tormes, libro inmortal, primera novela moderna. Como aventura para ejercitarme, la búsqueda de la pierna perdida de este gallardo me ha parecido de las mejores. He ido a la iglesia de los Santos Justo y Pastor en la calle del Dos de Mayo, en Madrid. Había misa de ocho por lo que no he podido preguntar al párroco la información que necesito. Prometo volver de tanto en cuanto, a ver si descubro algo. Se lo debo a las novelas y a las piernas venideras.

jueves, 23 de septiembre de 2010


Veo la fotografía de la nueva prosa joven catalana sentada en los escalones de madera de alguna biblioteca antigua y parecen monologuistas del club de la comedia. Ahora se ponen nombres a las generaciones para quitarles importancia, nombres de marcas de ultramarinos. Les ponen nombres imbéciles para no nombrar lo imbéciles que resultan. Las generaciones antiguas también tenían mucho de corporativistas, pero algunos se reunían en los cafés y se sajaban las tripas a machetazos o se robaban las novias los unos a los otros para luego reconocerse misóginos cuando no homosexuales. Se dice en el artículo adosado a la tal fotografía: "no se leen entre ellos, no se conocen, dialogan más con los autores muertos y en cambio eso es muy necesario para ver qué hace tu lengua, para intercambiar elementos de la cocina de cada autor: ver quién busca qué y por qué y qué pretendía con ello". En resumidas cuentas: Las generaciones cada vez menos verdaderas, cada vez más aburridas, resultan cada vez más convenientes para el conjunto editorial.

Los editores son el segundo pedazo de mierda más grande de este jodido mundo... después de los escritores. Porque ante el constante ninguneo que los escritores sin libro reciben por parte de los cose-folios, y estamos hablando de gente que escribe bien de verdad, éstos responden con verdadera ilusión, con verdadero "masoquismo de autor", al ver su obra consagrada por fin en la editorial de turno con cuarenta imbéciles más que en lugar de buscar nuevas vías de distribución literaria, se conforman con las antiguas que ya cayeron en manos de los proxenetas, estos organizadores de orgías literarias donde todo es vergüenza y timidez y flacidez, donde no hay estancias para la intimidad de cada uno, donde no se jode como es debido a pesar de la indecencia, porque todos somos, en el fondo, hijos bastardos de la vieja literatura, pero además hijos fallidos, hijos pródigos que ni siquiera vuelven a casa de vez en cuando para discutir.

miércoles, 15 de septiembre de 2010


Cae la primera hoja verde del otoño en el Retiro. Josele dedica un tema al perro que escucha el concierto desde la primera fila. En el bar pido un zumo de kiwi y ahí nadie pilla la broma. El perro ladra entusiasmado durante el estribillo.

¡Os maldigo!

sábado, 11 de septiembre de 2010


El ciudadano común, el ciudadano aburrido va acaparando las primeras páginas de los periódicos y cuanto más dinero quiere agasajar con el escándalo más entretiene al personal. Antes aparecía solo muy de vez en cuando, el pobre, en las esquelas y poco más. Algunos hasta varias veces, no solo con la muerte. Lo de los aniversarios en las esquelas debería restringirse, pienso yo, porque últimamente parece que no se muera nadie... todo son aniversarios y ni uno nuevo incluyen en el almanaque de los siglos. Y es que los vivos saben que hay que volver a los ritos gratuitos en este valle de lágrimas.

Yo, ahora que la ciudad se está volviendo after-pop, estoy pensando en abrir una revista con esquelas de todos los colores. Un aviso de muerte psicodélico siempre engrandece más la vida que la mierda esa del ABC que ya es muerte pasada de moda y que además no cumple con el objetivo publicitario que es la esquela mortuoria, terreno donde se infringen todas las leyes básicas de la publicidad. En mi revista estarán prohibidas las esquelas de aniversario, porque eso es matar dos veces al director gerente y ni un solo capullo hay que lo merezca.

Algunos personajes estarán prohibidos en mi revista, claro está, queda reservado el derecho de admisión. Se va a vender en kioskos y habrá curiosidades y novedades todas las quincenas, epitafios célebres de humoristas muertos, entrevistas y reportajes de las funerarias que más innoven. Además la llamada al luto deberá ser curiosa:

Todos los que quieran hacer una pausa en sus vidas para mostrar afectación por la muerte de ... y así recordarle deberán reunirse el miércoles al atardecer en la colina de las Vistillas vestidos de riguroso naranja con una mazorca de maiz en la mano derecha.

A veces es que a la muerte hay que tomársela con alegría, sobre todo si es la de uno mismo y no hay muchos allegados.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Los poetas se esfuerzan en dotar a la calle de romanticismo urbano, como si el verso saliera del grifo de las fuentes para mojar la bragueta de los duques. Leo en los autobuses los carteles de "Poesía en la calle", "Ni un día sin Poesía" y mierdas por el estilo, donde algunos poetas suenan horteras ya a las 7 de la mañana. El hastío conviene a la poesía como el granizo conviene a las urracas porque pela los campos de garrotes y seres humanos. Algunos poetas existen que suenan cojonudo siempre y que sirven de referencia moral para el que madruga o el que se acuesta de día, que en realidad es el único que necesita colgar poesía sobre la cama como un Santo Cristo de Limpias.

Yo tenía santos y cristos en la mesilla a los que les faltaban los dedos porque habían estado enterrados cuando vinieron los rojos. Algunas veces hasta me hablaban en las noches de la fiebre y siempre les mostré respeto por lo de enterrados en vida. Hubo un momento que me dijeron: "Chaval, ya tienes 14 años y no te vas a pegar la vida aquí escuchando nuestras historias de alambre y porcelana vieja, así que coje lo que te sirva y desaparece".

Entonces vino la poesía como una madre sudorosa a celebrar los inviernos. Tengo a la muy puta guardada entre los trastos viejos y la voy rescatando en los días de las victorias venideras, porque han estado enterrados, los poemas, y han cogido la fuerza de los santos martirizados para volver a los consejos y las fiebres, para poblar el rincón de la casa que te hace olvidar la peste de los autobuses.

jueves, 26 de agosto de 2010

IX. THE VELVET UNDERGROUND


En este verano de las oportunidades habría que repoblar las rotondas, esos circulos casi vírgenes de césped donde habitan las palomas más místicas. En esas isletas perpetuamente amenazadas por los coches, las palomas construyen su yoga con el humo de los tubos de escape y su marginación, se saben no deseadas, nadie quiere llevárselas en bolsas de redecilla para merendárselas asadas y eso las deja tranquilas en el centro mismo de la ciudad donde nadie mira. En el centro de la nada hay otra fiesta, porque lo dice Juarroz y en mi cabeza lleva semanas resonando como un mantra hasta la extenuación.

En el verano de la ciudad, ésta se abre como una máquina tragaperras averiada, donde descubres de un vistazo todos los trucos, todos los pequeños resortes y engranajes viciosos. También descubres que dentro en realidad no queda ni un puto duro, que solo va a funcionar con lo que tú eches. Yo ya estoy hasta la polla y me voy a aprovechar de la debilidad del asfalto, que se está ahumando en el agosto. Se acabaron estas tristezas de trilero, estas bolitas de cromo en los bolsillos que no puedo aprovechar porque está muy feo engatusar. Estoy deseando robarle el alma de un tirón a los que presumen de no flaquear y echarme a correr en dirección a la sierra para ocultarme en el bosque. Y a ver entonces qué haces, soplagaitas. Con tu alma en mis manos y yo usándola de cebo para cetrerías.

Yo quiero pensar que el verano traerá la revolución, que la belleza será convulsiva o no será nada. ¿Que la revolución es solo un sentimiento, Pier Paolo? Adelante entonces, y además adrede. Los sentimientos sangran y hacen costra y se reinfectan y hacen fiebre de la de delirar (¿Me la está chupando un ángel con un transistor encendido en la cabeza? ¿Qué es eso en la pared que cuelga como una rata muerta pero que huele a campo de girasoles?). Eso lo he visto hasta la jodida saciedad.

Ahora ha llegado el tiempo de los asesinos. Pero lo que nos vamos a cargar no tiene rostro, tiene solo la virginalidad de un culo al que nunca se la han metido hasta el fondo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Se van las vacaciones como se va una borrachera de vino caro, dejando una resaca pestilente y atormentada. Juraría que he evacuado sangre en algun momento y que estoy en medio de un mareo infinitesimal. Este próximo año pinta prometedor: unas cuantas noches no consecutivas de muertes y muertes entrelazadas de hospital, seres inocentes que no tienen fuerzas para llorar ni quejarse porque se concentran en vivir a través de un tubo de oxígeno. Quiero pensar que todos mis próximos muertos han buceado este verano en arrecifes que justifican una vida.

Hay arrecifes que justifican una vida, tiene que haberlos, porque los niños que van a morir en mis noches de no dormir, en vela junto a sus camas, tienen que soñar que bucean y juguetean con las anémonas peinándoles los cabellos gelatinosos y rosas, sabiéndose los reyes del mar. Yo voy a trabajar sus cuerpos desanjelados con calma, quizá hasta rece a los océanos para que les tenga en su gloria mientras les infundo vida en forma de droga. Me gustaría que soñaran que bucean de nuevo mientras les ajusto el tubo endotraqueal, me gustaría pensar que estamos solamente hablando de zambullirse en el mar.

No creo que una vida como esta pueda elegirse, creo que te tropiezas con ella como por accidente.

domingo, 25 de julio de 2010


Voy a contarte ahora lo que va a ocurrir:
han tapizado las avenidas con cepos y con monte bajo
y siempre que ves la ciudad en flor tú quieres descalzarte
porque crees en los regalos del viento,
pero yo se que el viento no ancla las ramas a la piedra,
yo se que estas son huellas de tierra removida
con círculos y engaños,
los que llamaremos más adelante "los exterminadores"
quieren entrar en nuestras vidas.

Vamos a consentir que nuestra sangre gotee sobre el asfalto, sí,
como quien permite a los niños salir a jugar al patio
en mitad de una guerra.
Vamos a pintar de rosa todos los pasos de cebra
y luego quedaran los coágulos cuando el tiempo melle la aventura,
y al menos dirán a sus nietos:
definitivamente eran gente de mal gusto.

sábado, 24 de julio de 2010

VIII. GIL SCOTT-HERON

viernes, 23 de julio de 2010


Una experta grafóloga le ha dicho a C. que, de momento, no hay peligro.

C. acude al banco hace una semana para retirar un aval y en la ventanilla le atiende una señora que interpreta su firma deliberadamente. Ante el acierto de las aproximaciones de la grafóloga y el asombro de C. la cosa discurre en una conversación apasionante sobre los conceptos más básicos de este arte de la interpretación subconsciente hasta que finalmente mi firma sale a relucir en la primera página de un libro de reanimación neonatal que C. lleva en el bolso (soy reanimador neonatal profesional, creo que nunca siquiera lo había mencionado).

La grafóloga experta, de repente, siente pavor. Detecta en mi firma rasgos de traumas interpersonales no superados, irascibilidad, tendencia a la marginalidad social autocontemplativa y, sintiéndose insegura de ir más allá, pide permiso a C. para mostrar una fotocopia de mi firma a su gurú, a la cual quiero imaginar sentada en un trono de marfil de algún templo grafológico junto a la M-30.

Ese mismo día me llama C. algo intranquila y me comunica la reunión del gabinete de expertos que van a estudiar mi caso. Tardan aproximadamente una semana en diseccionar mi garabato. Finalmente nos confirman que el ángulo de inclinación de mi firma, principal motivo de intranquilidad de la experta, ha sido sometido a un análisis minucioso en el que tan sólo se determina una cuantía de 35º, medido con transportador de ángulos. La cosa no parece tan preocupante; tras la consulta con la gurú el límite para la completa inanición del alma, la exclusión social y casi la psicopatía se encuentra en 45º de inclinación.

Estoy a 10º del aislamiento y la decrepitud social. Ahora ya en los bancos hasta te leen el alma, no vaya a ser que luego no quieras contribuir a levantar ésto entre todos.

Yo poco a poco voy a ir elevando el ángulo de mi firma, que como los espirituosos, cuanto más alto más arde la garganta.

jueves, 22 de julio de 2010

Vuelvo de Noruega con el paladar herido. Me abrasó una ascua de pescado. Ahora hay un trozo de mi piel nadando en el "fiordo de los sueños" donde las algas crecen en remolino junto a los neumáticos de los muelles que amortiguan el costado de los ferries. También entre los coches hay mártires. Algunos están desmembrados y otros llevan familias alemanas unidas a la otra orilla.

Las algas que yo más he visto tienen las ramas gelatinosas cubiertas de bulbos amarillos, que parece que vayan a dar frutos ancladas en los salitres. Ahí en el muelle sentado de Balestrand imaginé a las radios del mundo amanecer con la noticia de que los pescadores noruegos habían hallado "melones y nectarinas de fiordo", frutas de verano para que el cielo gris descanse. No todas las aguas que nutren caen del cielo, y a veces pareciera que este tomara su color del culo azulado de los fiordos o los océanos y no al revés. O sea al revés.

El cielo está ya no sobrevalorado, sino sobrealimentado. Joder, es que el cielo es un panel de zinc sudado porque se ha tumbado alguna negra con las nalgas carnosas y el sol le ha achicharrado los poros. El cielo importa menos cada día, es solo el punto número 3 del esquema del ciclo del agua que nos escribían en las pizarras. Pero es que aquí luce tanto que hemos aprendido a amarlo.

Tengo una vida en constante desequilibrio entre la magnificencia del cielo, donde nunca he estado, y la memoria terruña del topo con la que en realidad ni oigo ni veo. Pero resulta que me voy de viaje y los planos se me vuelven especulares.

Otro día ya si eso sigo escribiendo. Me voy a buscar oro en las columnas de humo de los incendios forestales.

domingo, 11 de julio de 2010

VII. HERBIE HANCOCK



(...) lo que significaron esas actuaciones con Miles (Davis). Seguramente eso que yo tocaba tenía que ver con lo que Miles buscaba: ideas. No importa si eran dos notas, tres o cuatro. El quería ideas, y eso suponía una pluralidad de acciones. Era tan genial que me acuerdo que una vez estábamos tocando y yo hice un acorde que sonó muy feo. Miles estaba con su solo y de pronto se puso a tocar sobre las notas de mi acorde y transformó algo chocante en algo hermoso. Podría hacerlo con dos o tres notas. Todas las personas que tocamos con Miles estamos marcadas por él definitivamente.

Entrevista a Herbie Hancock

sábado, 10 de julio de 2010


Hoy Madrid está seco como un campo de lentejas. Madrid en estos días te recuerda lo que es tener sed. La sed es una cosa que es de la niñez, es una cosa que, sin duda, sucede en el pasado.

Borges habla de la lluvia y yo desearía hablar de ella, pero es que en este verano la lluvia parece una bombilla a punto de gastarse, una bombilla de bajo consumo, de esas de iluminar el armario por dentro. Ahora me doy cuenta, casualmente, de que llevo unos días pensando en las cosas que gotean, no solamente en la lluvia que no llega. Estos días me he detenido por lo menos en tres o cuatro ocasiones a pensar en cosas que goteaban o habían goteado, qué curioso. De entre las que recuerdo, hace cuatro días me llamó mucho la atención, conduciendo por Bravo Murillo, que la luna trasera del coche de delante empezase a echar agua para limpiar el lodo que tenía sobre sí, y me gustó ver que el agua marrón goteante terminaba por ensuciar las letras de la matrícula, camuflando el coche frente a los rádares deseosos de pasta.

También hace dos días caminando por una calle de chalés residenciales me fijé, con más detenimiento de lo normal, en los caños, ni siquiera sé cómo se llaman, que están debajo de los balcones, esos que sirven para que no se acumule el agua cuando llueve. Pues el caso es que dibujan unas curiosas manchas de cal que recuerdan que en algun momento allí ha llovido a mares y que han sido necesarios. Lo que más me llamó la atención es que en todas las casas queda la mancha, nadie se detiene a limpiarla, ni siquiera aquellos que por las características de su jardín piensas que deben limpiar la casa cada día.

Estos días todo son casualidades relacionadas con el agua, las gotas y los escritores argentinos. He desmantelado mi cuarto y me voy a vivir, por fin, a un barrio donde se puede comprar leche a cualquier hora sin tener que caminar veinte minutos añorando la lluvia de la infancia. Han venido dos señores para llevarme los muebles y algunas cajas y ahí está la última de las casualidades de las que vengo hablando.

He sido un poco negligente con las cajas de los libros de tal forma que cuando los dos señores, Mario y el otro, han cogido las cajas dentro del ascensor ya para salir al portal, como no había puesto cinta aislante en el culo de la caja, se han desparramado los libros por todo el portal en una catársis vecinal de literatura. Ha faltado muy poco para que dos de mis libros se colaran por el hueco del ascensor: El libro de los seres imaginarios de Borges y un libro que me regalaron del Aplastamiento de las gotas de Cortázar, con ilustraciones y demás, en edición cuidada.

Me he asustado bastante. Esos dos libros cayendo al vacio por el hueco del ascensor, toda una condena al ostracismo. Cuando llegué a Madrid hace dos años leía mucho ese libro de Borges en el metro, me hizo compañía las primeras semanas, esas en las que duermes y trabajas todo al mismo tiempo y no paras de cargar cajas. Ahora que estoy otra vez con las cajas, llega Borges y me la quiere liar.

No sé, a lo mejor es que echa de menos la lluvia, el pasado o las gotas, y se me está insinuando. Seguro que viene ahora porque quiere compañía.

domingo, 4 de julio de 2010


Un par de días de convalecencia me sirven para descubrir reductos pendientes o sencillamente desconocidos. Paso la mañana del sábado escuchando las sinfonías 40 y 41 de Mozart mientras reviso en Youtube los mejores goles de Maradona, Van Basten y muchos otros grandes jugadores de los ochenta, esos a los que yo trataba de emular en el recreo. Parece que al futbol que yo veía cuando todavía las derrotas me hacían llorar le hayan aplicado algun filtro de imagen antiquísima.

Veo algunos buenos momentos que recuerdo de los primeros años noventa, el Real Madrid de Tendillo y Martín Vázquez, el de años más tarde con Michael Laudrup y Fernando Redondo (supongo que el único equipo que haya llegado a considerar como algo personal en toda mi vida), esos goles increíbles de Bebeto con el Deportivo de la Coruña, el Barcelona de Stoichkov y Romario, esa fabulosa Recopa de Europa del Zaragoza.

Me doy cuenta de que en algún momento me alejé del fútbol sin ninguna razón de peso, solo que los jugadores que a mí me habían cautivado se marchaban llorando en su última entrevista y con ello mi entusiasmo. Pero de repente en este Mundial me sorprendo gritando como un loco con los goles de la selección y supongo que es por algo. Quizá hasta ahora había estado conteniendo estos gritos y ahora me emociono porque me sale de los cojones y porque veo en los regates un arte total que me vuelve a conmover.

Me entusisma la frase de mi amigo G:

Es absolutamente indignante que tal y como estamos no echen fútbol por la televisión todos los jodidos días del año.

jueves, 1 de julio de 2010


Naturaleza muerta con dos aguacates, falso-tridente doméstico y biblia de cuero negro.

He trabajado 24 horas seguidas y al llegar a casa encuentro sobre la mesa de la cocina varios elementos ajenos a mi propiedad con los que compongo una naturaleza muerta. Después duermo durante varias horas.

domingo, 27 de junio de 2010


Los banqueros se han hecho fuertes y engullen los marrón-glacés del minibar mientras yo paso la tarde desértica en el porche tarareando canciones de inspiración guerrillera en calzoncillos.

Los banqueros llevan ropa interior larga de algodón, como el que escapa por la ventana del saloon cuando le han acribillado la puta a balazos. Alguien les ha tirado la puerta abajo y se han escapado por la ventana, indignos pero con vida, y la puta eramos nosotros, que habíamos puesto empeño en joder como Dios manda, por si al caballero otro día le daba por repetir, y ahora no volveremos a hacer el amor en la habitación del desvigo de nuestras madres, que era tranquila y silenciosa.

Los banqueros se han bebido todo el whisky, con excelentes modales, y luego han meado en los abrevaderos de todo el pueblo para que nosotros que queremos a nuestro caballo, nos lo llevemos a buscar agua a los desfiladeros.

Los banqueros tienen el oro, y el ferrocarril, y las pieles, y el petróleo que empieza a manar de la tierra como un vino dulce de algas, pero ahora los tenemos en calzoncillos corriendo por entre los tejados, y el pastor está durmiendo y nos perdonará los pecados, ¡por el amor de Dios!

Nos hemos dejado los Colt en algún paragüero olvidado. Otras dos décadas practicando los domingos con los cáctus de la finca.

Otros veinte años de generaciones sin cojones ni pecados significativos.
Alberto García-Alix

Noche del sábado al domingo.

El centro de Madrid es un enorme navío conducido por cientos de chimpancés crecidos en cautividad que pretendiendo cabalgar sobre las olas no hacen sino enfrentarlas por los extremos más debilitados. Parece que hay más miedo en avistar tierra firme que en seguir destrozando el barco noche tras noche hasta que no quede nada. Tenemos los cadáveres de nuestros padres muertos sobre la cubierta, y parece que ésto dota a nuestra aventura de mayor enjundia, pero todo el mundo sabe que el peso de los muertos desequilibra a los barcos, mientras que el de los vivos mantiene en vilo la agonía.

Ahora empiezo a odiar las noches en cubierta por la misma razón que antes odiaba las noches en el camarote. Es mejor, ya que no tienes ni idea de cómo navegar a oscuras, dormir con la lámpara encendida y corregir el rumbo de día, que tratar de unir constelaciones-guía en un cielo iluminado por la luz de las ciudades, equívoco, claro y malintencionado.

miércoles, 23 de junio de 2010


Leo de pasada en un periódico gratuito que L'osservatore romano (periódico no gratuito de la Santa Sede) publica un orbituario sobre José Saramago a las 24 horas de su muerte, que titula La omnipotencia (relativa) del narrador, en el que ataca duramente su intromisión en los asuntos teológicos, banalizándolos en nombre del materialismo libertario. Por lo visto el Vaticano ya no guarda los lutos, celebra las muertes de los marxistas como si fueran enemigos de la biología.

Me interesa sobre todo el título del artículo, así que busco en internet para ver si lo puedo leer, aunque sea en italiano. No lo encuentro, pero sí leo otro artículo del udinese Paolo Flores d'Arcais en defensa de Saramago en el que trascribe unas líneas del artículo de L'osservatore en donde se critica el tono narrativo del escritor que me llaman la atención: un tono de inevitable apocalipsis con un presagio perturbador que pretende celebrar el fracaso de un Creador y su creación.

Lo que me llama la atención de todo ésto es que el Vaticano parece fortalecer involuntariamente con sus apuntes la esencia de la literatura más notable, la que no se somete a los designios de una autoridad, ni siquiera a los designios del inevitable apocalipsis. Qué gran título podría ser ese de La omnipotencia (relativa) del narrador , porque se trata fundamentalmente de eso, de presenciar cómo la literatura, que es contraria a la vida, que es a la vez también contraria a la muerte y por tanto contraria a todos los designios e intenciones últimas del arrepentido narrador, sin embargo subsiste a través de él, incluso a su pesar.

D.E.P.

viernes, 18 de junio de 2010


Supongo que nunca he sido un gran científico, me quedo siempre en lo anecdótico. Si me disfrazas al perro con unas telas curiosas me creeré que estamos haciendo antropología en los confines chinos del salón, al lado del jarrón del mercadillo. El asombro lo tengo avanzadísimo, en eso no me gana ninguno de estos científicos domésticos prescindibles de los que me siento sitiado día a día. Pero es que a mí la ciencia hay que hacérmela entretenida, con títeres, carteles o algo, que si no prefiero irme a fumar a la barandilla.

Lo que me parece interesante es que a base de haber sobrellevado la ciencia del número perezoso con libros de caballerías, ahora resulta que entro en los pasillos de la ciencia, cojo lo que quiero en la despensa, y salgo con las manos a tono para hacer algún truco de magia fácil con huevos y pistachos.

Últimamente manejo al número, no ha sido fácil; para bien manejarlo hay que aprender también a dejarlo de lado. Es un poco como el pobre gordo de la clase que juega de portero, tú le dejas ahí entre los tres palos comiéndose el bocadillo, engordando para tapar más hueco y aunque a corto plazo es una faena que se olvide del esférico mientras le quita el amarillo al jamón, luego te cubre la portería entera y todo ha sido legal, a base de trabajo diario y marginación ya no te marcan ni un solo gol.

La ciencia es un bocadillo para gordos, y un gordo, a su vez, que crece y crece. Y nosotros somos chavales de escuela que nos merecemos dos hostias de hermano mayor. Pero luego de las dos hostias veo ésto y me da pena, y me acerco al gordo porque a su modo también me parece un héroe y hasta un caballero, y resulta que me hago amigo de la ciencia a fuerza tan solo de observar lo que pasa en el patio.

Yo que creía que íbamos a echar de menos a las mujeres, a ver si va a ser cierto que a quien echamos de menos de verdad es al gordo.

miércoles, 16 de junio de 2010

VI. MACEDONIO FERNÁNDEZ

"Varias veces emprendí el estudio de la metafísica, pero me interrumpió la felicidad".
Macedonio Fernández

Me tropiezo en mis idas y venidas por la red con las palabras de homenaje de Jorge Luis Borges ante la tumba de su buen amigo Macedonio Fernández que me conmueven. Parece que la mañana gris hubiera pasado la noche sumergida debajo del agua. Parece que al emerger todavía tosiera y temblequeara, consciente de haberse salvado por muy poco.

Un filósofo, un poeta y un novelista mueren en Macedonio Fernández, y esos términos, aplicados a él, recobran un sentido que no suelen tener en esta república.

Filósofo es, entre nosotros, el hombre versado en la historia de la filosofía, en la cronología de los debates y en las bifurcaciones de las escuelas; poeta es el hombre que ha aprendido las reglas de la métrica (o que las infringe, ostentosamente) y que sabe, también, que puede versificar su melancolía, pero no su envidia o su gula, aunque tales pasiones sean fundamentales en él; novelista es el artesano que nos propone cuatro o cinco personas (cuatro o cinco nombres) y los hace convivir, dormir, despertarse, almorzar y tomar el té hasta llenar el número exigido de páginas.

A Macedonio, en cambio, como a los hindúes, las circunstancias y las fechas de la filosofía no le importaron, pero sí la filosofía. Fue filósofo, porque anhelaba saber quiénes somos (si es que alguien somos) y qué o quién es el universo. Fue poeta, porque sintió que la poesía es el procedimiento más fiel para transcribir la realidad. Macedonio, pienso, pudo haber escrito un Quijote cuyo protagonista diera con aventuras reales más portentosas que las que le prometieron sus libros. Fue novelista, porque sintió que cada yo es único, como lo es cada rostro, aunque razones metafísicas lo indujeron a negar el yo. Metafísicas o de índole emocional, porque he sospechado que negó el yo para ocultarlo de la muerte, para que, no existiendo, fuera inaccesible a la muerte.

Toda su vida, Macedonio, por amor de la vida, fue temeroso de la muerte, salvo (me dicen) en las últimas horas, en que halló su coraje y la esperó con tranquila curiosidad.

Intimos amigos de Macedonio fueron José Ingenieros, Ignacio del Mazo, Carlos Mendiondo, Julio Molina Vedia, Arturo Múscari y mi padre; hacia 1921, de vuelta de Suiza y de España, heredé esa amistad. La República Argentina me pareció un territorio insípido, que no era, ya, la pintoresca barbarie y que aún no era la cultura, pero hablé un par de veces con Macedonio y comprendí que ese hombre gris que, en una mediocre pensión del barrio de los Tribunales, descubría los problemas eternos como si fuera Tales de Mileto o Parménides, podía reemplazar infinitamente los siglos y los reinos de Europa. Yo pasaba los días leyendo a Mauthner o elaborando áridos y avaros poemas de la secta, de la equivocación, ultraísta; la certidumbre de que el sábado, en una confitería del Once, oiríamos a Macedonio explicar qué ausencia o qué ilusión es el yo, bastaba, lo recuerdo muy bien, para justificar las semanas.

En el decurso de una vida ya larga, no hubo conversación que me impresionara como la de Macedonio Fernández, y he conocido a Alberto Gerchunoff y a Rafael Cansinos Assens. Se habla de la irreverencia de Macedonio. Este pensaba que la plenitud del ser está aquí, ahora, en cada individuo, venerar lo lejano le parecía desdeñar o ignorar la divinidad inmediata; de ese recelo procedieron sus burlas contra viejas cosas ilustres.

Los historiadores de la mística judía hablan de un tipo de maestro, el Zaddik, cuya doctrina de la Ley es menos importante que el hecho de que él mismo es la Ley. Algo de Zaddik hubo en Macedonio. Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Yo sentía: Macedonio es la metafísica, es la literatura. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas. No imitar ese canon hubiera sido una negligencia increíble.

Las mejores posibilidades de lo argentino —la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial— se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos. Macedonio era criollo, con naturalidad y aun con inocencia, y precisamente por serlo, pudo bromear (como Estanislao del Campo, a quien tanto quería) sobre el gaucho y decir que éste era un entretenimiento para los caballos de las estancias.

Antes de ser escritas, las bromas y las especulaciones de Macedonio fueron orales. Yo he conocido la dicha de verlas surgir, al azar del diálogo, con una espontaneidad que acaso no guardan en la página escrita.

Definir a Macedonio Fernández parece una empresa imposible; es como definir el rojo en términos de otro color; entiendo que el epíteto genial, por lo que afirma y lo que excluye, es quizá el más preciso que puede hallarse. Macedonio perdurará en su obra y como centro de una cariñosa mitología. Una de las felicidades de mi vida es haber sido amigo de Macedonio, es haberlo visto vivir.

Marzo-Abril de 1952

sábado, 12 de junio de 2010

V. FEDERICO GARCÍA LORCA


Dos consejos de Federico García Lorca que ayer por la noche rescato de sus cartas y que me han dado ánimos hoy durante todo el día:

El disparate, si está vivo, es verdad; el teorema, si está muerto, es mentira. Carta a Sebastián Gasch. 1928

Lo pasas mal y no debes. Dibuja un plano de tu deseo y vive ese plano dentro siempre de una norma de belleza. Yo lo hago así, querido amigo... ¡y qué difícil me es!, pero lo vivo.
Carta a Jorge Zalamea. 1928

miércoles, 9 de junio de 2010


MIQUEL BARCELÓ

Barceló ya percibe en sus primeros años de Mallorca que va a pintar como caga el albatros, cubriendo los acantilados del lienzo de biología corrosiva. Al principio retrata su estudio, su biblioteca que se abre al mar a través de una ventana por donde caben las barcas y los pianos. No es todavía la pintura telúrica y amorfa que habrá de ser, pero pasa de la academia y se escapa a coger cangrejos, eso se ve desde el principio.

Luego en París "vuelve al Louvre como el animal al abrevadero", eso lo dice en sus diarios y pinta como si la tierra se hubiera tragado el museo, porque ya en él se ve efectivamente que la naturaleza va a tragarse la pintura, pintura que trata de disciplinar a la arcilla convirtiéndola en ánforas, que no la deja hablar tapando sus ecos con agua estancada de bidé.

Barceló está con la "Danza de la muerte" de Lorca:
El mascarón. Mirad el mascarón
como viene del África a New York. (...)

En la marchita soledad sin onda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El lado del sol dormido de la ciudad-pintura civilizada está despertando a la embriaguez de la arena. La selva todavía tendrá que invadir las bibliotecas y chuparle el agua a las tuberías.

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos.
Que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas.
Que ya la Bolsa será una pirámide de musgo.
Que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

Ya que no ha llegado el "muy pronto, muy pronto, muy pronto" lorquiano todavía, Barceló mira a África, al desierto que se mueve como los ríos, pero que cubre la pintura, que la entierra, en lugar de lavarla. El pintor encuentra un buen día un autorretrato olvidado en un rincón de su cabaña de Mali que, después de guardarlo durante veinte años, ha sido invadido por los hongos y por un nido de abejorros. Y parece que toda esta profecía se va cumpliendo en su mismo rostro, que la mano deforme de la naturaleza a través del pincel cubre ya catedrales y salas de oficinas, que naturaleza y pintura ya son una sola cosa y el artista solo un medio por donde trepar la yedra. Solo queda la destrucción y el olor a mango de la lava.

Cuando las termitas hayan devorado los museos. Cuando mis obras se hayan reducido a polvo. Si debe sobrevivir algún fragmento, ser hallado de nuevo, pido al cielo que sea una papaya abierta o la redondez de un vientre, y sobre todo que conserven algo del color (después de tanto tiempo) del fuego que me abrasa.

El insomnio, el viento que me arranca mis cuadros, el color y las horas de aburrimiento mortal. Y de pronto como un relámpago, una imagen, un olor, un algo que traspasa por un momento mi cuerpo, y una felicidad absoluta nunca conocida en otra parte.

Esto es el Mal de África.

DIARIO. Miquel Barceló.
4 de noviembre de 1994.